Structurit reúne a líderes industriales para debatir el futuro de la IA en la industria española

 

Structurit ha organizado en las oficinas de AWS en Madrid la mesa redonda “Industrial Intelligence Day: De la Producción a la IA”, un encuentro de alto nivel en el que han participado Ismael Santos, director de Transformación Digital de Renfe; Daniel Panadero, Global Head of Data & AI de FCC Enviro, Álvaro Martínez, exCEO de GEA y advisor; Inmaculada Blázquez, presidenta del Observatorio de Industria y Tecnología, Juan Mario Rodero, Cloud Manager de Acerinox; Adolfo San Martín, CIO de Morchem y Pablo Garrido, jefe de Proyecto de Talgo.

La moderación ha corrido a cargo de Javier de la Cuerda, CEO de Structurit, con la participación de Ángel Herrero, Head of Government-linked Companies, Public Sector Spain de AWS, y Antoni Rovira, Manager de Software y Control Iberia de Rockwell Automation. A lo largo de hora y media de conversación, los participantes abordaron la evolución que ha experimentado la información en las plantas industriales durante los últimos años.

El consenso fue claro: el cambio no ha sido solo tecnológico -más sensores, más conectividad- sino de enfoque. El dato de planta ha dejado de ser un recurso exclusivamente operativo para convertirse en un activo estratégico con impacto directo en las decisiones de negocio. Sin embargo, se reconoció que una parte significativa de la información que se genera en planta todavía no se aprovecha, y que el verdadero salto no consiste en capturar más datos sino en extraer inteligencia de los que realmente importan.

La conversación derivó de forma natural hacia la conexión entre el mundo de producción y los sistemas de gestión empresarial. Los participantes coincidieron en que el valor real aparece cuando los datos de planta dejan de estar aislados y comienzan a dialogar con los ERP y los CRM, permitiendo tomar decisiones que antes eran imposibles o se tomaban a ciegas, desde la planificación de la producción en función de la demanda real hasta la trazabilidad completa de cara al cliente final. Se debatió quién impulsa habitualmente esa integración dentro de las organizaciones y se identificaron las principales barreras: no solo técnicas, sino organizativas y de confianza en la fiabilidad del dato.

La inteligencia artificial ocupó un espacio central, aunque con un tono marcadamente pragmático. Los participantes compartieron que la IA ya está presente en operaciones como el mantenimiento predictivo, la optimización energética o el control de calidad, pero que el reto sigue siendo escalar los proyectos piloto hacia soluciones desplegadas de forma transversal. Se puso sobre la mesa una reflexión recurrente: lo más difícil no suele ser el modelo de IA en sí, sino disponer de datos preparados, fiables y contextualizados para que funcione. La IA generativa también formó parte del debate, con una visión prudente sobre su aplicación real en entornos de planta frente a su utilidad más inmediata en la gestión documental y el acceso al conocimiento técnico.

El debate sobre habilitadores y frenos reveló un panorama de luces y sombras. El cloud, los casos de éxito internos y la presión regulatoria en materia de sostenibilidad se identificaron como los principales aceleradores. En el lado opuesto, el legacy tecnológico, la escasez de talento especializado, la dificultad de justificar inversiones a corto plazo y los silos organizativos entre IT, OT y negocio siguen actuando como frenos significativos. La ciberseguridad en entorno OT se reconoció como una preocupación legítima, aunque también se señaló que en ocasiones se utiliza como excusa para no avanzar.

Si hubo una conclusión compartida por todos los participantes fue que la transformación ya no depende únicamente de la tecnología. La capacidad de las organizaciones para formar a sus equipos, gestionar la convivencia entre el conocimiento experto de décadas y los nuevos perfiles digitales, y construir una cultura basada en el dato será determinante para aprovechar el potencial de la inteligencia artificial. Se debatió sobre la necesidad de crear roles nuevos, invertir en capacitación como prioridad estratégica y asegurar que el operario de planta se sienta empoderado -no amenazado- por estas herramientas.

La mesa se cerró con una mirada hacia los próximos años. Los participantes reflexionaron sobre el concepto de planta autónoma como un norte que guía el camino más que como un destino inmediato, y coincidieron en que la industria española ha entrado en una nueva etapa: superada la fase de conectar máquinas y digitalizar procesos, el desafío pasa ahora por transformar los datos en conocimiento, el conocimiento en decisiones y esas decisiones en una ventaja competitiva sostenible. El Observatorio de Industria y Tecnología aportó además una visión transversal del mercado, señalando las diferencias de madurez entre grandes empresas y pymes y los retos específicos del tejido industrial nacional para no quedarse atrás en esta transformación.

 

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