Keller, Hooper, Lamarr y todas ellas

Keller, Hooper, Lamarr y todas ellas

HISTORIA Y ROBÓTICA

Por Núria Salán
Presidenta de la Societat Catalana de Tecnologia (SCT)

La robótica es talentosa, y lo es como materia de estudio, como enfoque industrial, como temática de investigación… Se mire como se mire, estas pocas letras dan mucho de sí, y si las asociamos a talento, fiabilidad, seguridad y modernidad, entre una larga colección de descripciones, acertaremos, sin ninguna duda.

Ciertamente, se han alineado los astros de la ciencia y la tecnología para que hoy, a las puertas del primer cuarto del siglo XXI, la robótica esté en nuestras casas, en nuestras vidas, en nuestro día a día. Nuestras nuevas generaciones aprenden a hablar pidiendo a Alexa o a Siri que les pongan música, o que apaguen las luces; empiezan a caminar saltando por encima de rumbas y similares, y programan dispositivos con la misma facilidad con la que yo, de niña, jugaba a la rayuela en mi barrio. Y si en aquel momento me hubiesen dicho que iba a vivir rodeada de robots, no me lo hubiera creído.

De hecho, recuerdo haber leído, en mi adolescencia, todos los textos de Isaac Asimov que caían en mis manos, y me maravillaron enormemente aquellas fantásticas leyes de la robótica. Esas tres leyes, lejos de generarme inquietud, me infundieron la tranquilidad de que la robótica, si algún día llegaba a formar parte de mi realidad, sería para bien. Y así ha sido. Entre mi versión de niña de rayuela y mi versión actual y adulta de tecnóloga, la robótica ha ido introduciéndose en mi día a día (en el mío y en el de toda la sociedad, aunque una parte no quiera verlo) y es de justicia reconocer que, gracias a ella, nuestra vida es mucho, mucho mejor.

“Lo que más agradezco a la robótica es la tranquilidad que me da”

Parecería que la pandemia de la COVID-19 está en nuestro pasado remoto, y si ahora podemos hablar en “pasado” es porque hemos salido mucho mejor de lo que podría haber sido sin tecnología. Así, me gustaría reconocer el protagonismo silencioso, transparente y constante de la robótica en el buen desarrollo de tantas soluciones que se instalaron, precipitadamente en muchas ocasiones, para ayudar.

Como miembro del maravilloso colectivo de COVIDWarriors, viví, en primera persona, la creación de los superrobots que podían hacer 2.400 test al día, y solo tengo palabras de reconocimiento infinito para todas las personas que pusieron sus mentes, voluntades, profesionalidad y conocimientos para materializar aquellas máquinas que “ayudaron a ayudar”, que no hubieran podido ser tan resolutivos si no hubiesen tenido, tras las competencias humanas, una tecnología sólida, consistente, madura y confiable, que en un momento crítico para la humanidad, dio su mejor “do de pecho”.

Y en esta evolución y desarrollo, hay una parte del talento que ha estado, aunque “no conste”. Me refiero al talento, creatividad e inventiva de un colectivo que ha dedicado esfuerzos titánicos para materializar ideas pero que luego ha quedado olvidado cuando se han tecleado los textos de los libros: las inventoras.

La Robotica Es Talentosa
Mujeres ensamblando chips

Nadie duda que el COBOL ha supuesto un antes y un después en la programación, que el BASIC ha sido (permitidme la redundancia) básico en el buen desarrollo de la informática moderna. Y aceptaré, como opinión “a la defensiva”, que sin microprocesadores la robótica no sería la que es. Cierto. Y que el microprocesador se lo debemos a un grupo de hombres que fundaron los laboratorios BELL y gracias a los cuales despegó, en un viaje a velocidad de la luz, la microelectrónica. Cierto.

Pero me gustaría que, al ver la foto, miraseis quien materializaba estos componentes. ¿Lo véis? Pues así ha sido históricamente: el talento femenino ha estado presente, activo y pasivo, pero no ha constado en los libros. Si no fuese por Mary Kenneth Keller (BASIC), por Grace Hooper (COBOL) o por Hedy Lamarr (THE SECRET SYSTEM OF COMMUNICATION), otro gallo nos cantaría (y, desde luego, sería uno analógico, porque no podríamos haber tenido gallos digitales). Y que conste que estos tres nombres son tan solo tres entre miles y miles de nombres de mujeres talentosas que nos obsequiaron con sus aportaciones, aunque sus nombres no salgan en los libros de texto.

A las puertas del segundo cuarto del siglo XXI me encuentro satisfactoriamente rodeada de robótica, que no ha sido mi ámbito de estudio ni de desarrollo profesional, pero sí que me ha ayudado a evolucionar académicamente y a vivir mucho mejor. Si me preguntáis qué es lo que más agradezco a la robótica, os diría que la tranquilidad. Saber que mis padres (casi nonagenarios) están seguros y confiados de que, ante cualquier eventualidad, un dispositivo (sin cerebro orgánico pero con un diseño digital y unas conexiones electrónicas maravillosas), nos pondría sobre aviso. No tiene precio.

Tampoco lo tiene que mi vecindario viva con tranquilidad de que yo “no la voy a liar parda” porque me olvide que tengo algo al fuego, gracias a mis cacharros de cocina programables, conectados, que se desconectan cuando llega el momento o bien si detectan que algo no va bien (si se alcanzan una temperatura o una presión inadecuadas, y mi “olla mágica” se apaga, afortunadamente).

Tener una alarma que detecta movimientos inusuales, que me permite acceder remotamente a lo que sigo percibiendo (gracias a ella) como un seguro espacio de mi hogar. O que mi coche me alerte de que algo no va bien (y que me indique “qué es ese algo”) me da también mucha tranquilidad. No he sabido nunca, de mecánica, pero ahora vivo ese desconocimiento con mucha más tranquilidad, os lo aseguro.

“Históricamente, el talento femenino ha estado presente, activo y pasivo, pero no ha constado en los libros

Me encantó saber que, hace relativamente poco, en 2011, el Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias Físicas de Reino Unido (EPSRC), junto con el Consejo de Investigación de Artes y Humanidades (AHRC), publicase el “pentálogo” de principios éticos para diseñadores, constructores y usuarios de robots en el mundo real, pero no fueron capaces de rescatar los nombres del ingenio (in)visible: el de las diseñadoras, constructoras y programadoras que, con su talento y generosidad, contribuyeron a que hoy la robótica sea como es: maravillosa.

¡Va por ellas!

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