- Los pensadores Javier G. Recuenco y Jordi Vallverdú debatieron sobre la confluencia de estos dos campos en el marco del AER 6th Summit, celebrado en Vigo el pasado 7 de noviembre

¿La relación entre empresa y universidad está evolucionando en la dirección correcta? ¿Qué retos afronta el sector de la robótica en su percepción social? Son algunas de las preguntas que se plantearon en el debate “Tecnología y humanismo: el desafío de la nueva era”, celebrado en el marco del AER 6th Summit, el evento anual que la Asociación Española de Robótica y Automatización (AER Automation) organizó en Vigo el pasado 7 de noviembre.
La charla contó con la participación de Javier G. Recuenco, ingeniero, escritor y fundador de Singular Solving, y de Jordi Vallverdú, doctor en Filosofía y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Bajo la moderación de Aureli Vázquez, periodista y socio fundador de Beat Content, se generó un diálogo cargado de reflexiones e ideas provocadoras.
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La importancia del relato
Una de las cuestiones que trataron ambos pensadores es la importancia de la narrativa para la percepción social. “El sector de la robótica, como parte fundamental de la sociedad actual, tiene que verse impelido a determinar cuál es su sentido. Si no aclara cuál es su posición y contribución al progreso humano, el relato lo construirá alguien que desconoce el asunto y que le colocará en un lugar que no le corresponde”, defendió Recuenco.
Por su parte, Vallverdú replicó destacando que “la tecnología no es inevitable, pero es necesaria, además de ser la máxima forma de humanidad”. Sin embargo, reconoció que la sociedad vive una contradicción constante, afirmando que es “protecnológica en la práctica y antitecnológica en la teoría“. Además, agregó que “los profesionales de la robótica estáis en dos posiciones: luchando contra el existente y creando el nuevo relato. Hay que entender esto y encontrar aliados para generar contenido en positivo sobre ello”.
Tecnología y humanismo: una relación cargada de prejuicios
“Los humanismos están cargados de prejuicios antitecnológicos, y esto es algo consustancial al ser humano: somos un ‘work in progress’ biológico y cultural. Un ser humano sin ninguna tecnología, ni física ni simbólica, es un mono al desnudo”, reflexionó Vallverdú sobre la relación entre tecnología y humanismo, asegurando que “somos una especie que podemos decidir gracias a la tecnología” y subrayando el papel de la filosofía como laboratorio de posibilidades: “los humanismos son útiles porque exploran mentalmente cuestiones que a veces se necesitan para resolver problemas”.
Además, en su artículo de Tribuna del anuario INSIGHT 2023, Vallverdú afirmó que los nuevos humanistas son digitales por ser el camino para avanzar en el conocimiento, un pensamiento que explicó durante el debate interpelado por Vázquez: “Si Heidegger decía que el lenguaje es la casa del ser, hoy podríamos decir que el móvil es la casa del ser”.
Esta visión también la compartió Recuenco, que aseguró que “ni humanistas ni tecnólogos pueden escapar del hecho de ser humanos. El humanismo y la tecnología están cargados de prejuicios entre ellos y el problema es que no terminan de emulsionar”, añadiendo que “las zonas liminales de desarrollo y conocimiento pasan porque ambos campos se entiendan”.
Un concepto, el de los espacios liminales, que desarrolló en su artículo también para el anuario INSIGHT 2023. Además, Recuenco también apuntó a que muchos rinocerontes grises en sectores muy tecnológicos están relacionados precisamente con la no hibridación profunda de la tecnología con aspectos humanísticos.
Retos en un contexto acelerado
Preguntados por los retos de la relación entre tecnología y humanismo, Recuenco, autor de la obra El pequeño libro de la filosofía estoica, señaló que “el desafío de la nueva era es lograr una transdisciplinariedad real. Tenemos un sistema educativo que genera especialistas cada vez más grandes en campos cada vez más estrechos, es decir, personas que saben muchísimo sobre la nada”.
La colaboración entre disciplinas también la defendió Vallverdú, quien dijo que “la robótica nos lleva a senderos de acción para los cuales muchas veces no hay respuesta o hay respuestas confusas, por eso deben crearse comisiones interdisciplinarias que los aborden”.
En el debate también se repasó la posición de Europa en la carrera tecnológica mundial, mostrándose ambos pesimistas. “En Europa estamos perdiendo la carrera del milenio: la inteligencia artificial es la nueva economía global. La inversión en tecnología y la protección de la investigación no se está rigiendo por la lógica y la única forma de sobrevivir es ser el mejor. Si vamos detrás de Estados Unidos, ya no vamos”, criticó Vallverdú.
Por su parte, Recuenco lamentó que la tecnología se esté abordando como un arma geoestratégica de dominio sobre el resto de los países y no pensando en la humanidad. “Es una situación complicada, ya que hay muy pocos campos de progreso tecnológico en los que el escenario no sea competitivo y mutuamente exclusivo, y esto es un problema que terminará estallando”, alertó.
Visión empresarial ante la incertidumbre
Recuenco, fundador de cinco empresas emergentes, también valoró que, desde el punto de vista empresarial, estamos en un entorno de máxima incertidumbre comparable al vivido durante la Revolución Industrial por la aparición de cinco megatendencias, una de las cuales es la aceleración de los tiempos de adopción. En este contexto, enfatizó que las empresas “deben ser capaces de funcionar bajo entornos de altísima aceleración, donde las reglas no están claras, los ciclos se aceleran y las decisiones se tienen que tomar casi en tiempo real”.
Sobre la colaboración entre empresas y universidades, lamentó que “las compañías no tienen tiempo de reflexionar lo suficiente, mientras que las universidades deberían tener un contacto más serio con cómo se genera, se crea y se captura el valor”. Por su parte, Vallverdú aprovechó para rechazar la idea que algunos humanistas defienden de que universidades y centros de producción no deben estar conectados, ya que, aseguró, “si estudiamos la evolución de las universidades, al menos en Europa, vemos que son lugares donde se entrena a las personas para que respondan a las necesidades de la sociedad”.
A pregunta de una de las decenas de asistentes, también se habló sobre las implicaciones de la inteligencia artificial en el mercado laboral, subrayando que la clave no es tanto la destrucción del empleo como del propósito vital de las personas. “¿Las personas podrán definirse a sí mismas a través de sus opciones de ocio y no del trabajo?”, reflexionó Recuenco, mientras Vallverdú aprovechó para recordar la propuesta de la renta básica universal en un contexto donde el factor trabajo puede desaparecer o ser muy limitado.
Una de las conclusiones que puede extraerse de un debate que no tuvo grandes disensiones entre sus ponentes es que lograr una conexión entre tecnología y humanismo es un reto que debe acometerse. “La tecnología está lanzando desafíos a la sociedad y a la política cada vez más grandes y cada vez en menos tiempo”, concluyó Recuenco.




